Esta es la pregunta fundamental antes de seguir hablando de ambientes de aprendizaje. En particular, tras la discusión preliminar dentro del subgrupo se llegó a consolidar una primera propuesta que se observa en la siguiente figura:
De esta manera se concluyó que los elementos clave del ambiente no son tanto los actores por sí solos, si no las relaciones e interacciones que se dan entre los mismos. Esto se sigue de las distintas concepciones particulares que existen de un ambiente de aprendizaje y busca rescatar el núcleo de todas estas: el aprendizaje radica principalmente en aquello que se puede abstraer de estos entornos.
Ahora bien, tras la puesta en común con todo el curso, se identificaron un par de puntos adicionales para construir sobre esta definición. En primera instancia se hizo especial énfasis en el carácter no espacial de estos entornos: No necesariamente constan de un espacio particular si no más bien un tiempo o una situación específica en que la suma de los elementos permite - para bien o para mal - una experiencia de aprendizaje provechosa. Este punto resalta lo importante que es visualizar el límite o el alcance que se les puede dar a ciertas palabras en el lenguaje para no llegar a descartar elementos importantes. En el segundo lugar, se presentó una discusión más bien abierta al respecto de la relevancia de la motivación en el aprendizaje. Por una parte hay contextos en los que únicamente con la suficiente motivación se logra un aprendizaje real (de manera que lo que para un actor pueda ser un claro ambiente de aprendizaje para otro no lo sea), y por el otro hay situaciones en las que la experiencia misma promueve este aprendizaje, independientemente de la motivación o intención del individuo.
Al incorporar estos dos elementos adicionales en la definición, logramos expandir todavía más el alcance que originalmente se le había dado, llegando así a una tal vez un poco más satisfactoria.

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