Muchas veces las experiencias más significativas suelen ser aquellas que son de carácter exclusivamente personal, o al menos no de carácter público. Estos ambientes de aprendizaje personales son precisamente los que acaban moldeando de manera única a cada individuo, por más que tengas circunstancias muy parecidas. Cito en esta ocasión uno de dichos espacios, que de hecho tiene todo que ver con mi entrada anterior.
Al mencionar que durante mi bachillerato participar en olimpiadas se convirtió en "la actividad extracurricular por excelencia" me refiero a que, aparte de la participación en eventos, tuve la oportunidad de tomar parte de múltiples entrenamientos. Y en que consistían? Bueno, en principio eran tres semanas al semestre dedicadas fundamentalmente a las distintas áreas de la matemática pre-universitaria. Así que en cierta forma era como estar en el colegio, con todo y tareas y exámenes. La principal diferencia eran los temas y los compañeros: la mayoría de las personas presentes estaban allí por gusto y no por obligación, lo cual hacía el ambiente mucho más ameno. Como anotación adicional, mi colegio era masculino, así que esta era una oportunidad especial para interactuar activamente con mujeres.
Ahora, esto que menciono no es particularmente excluyente, pero fue lo que me permitió dar otro paso en mi desarrollo personal, a un ambiente mucho más restringido y excluyente: sesiones especiales para participantes en los eventos internacionales. En estos casos, los eventos y entrenamientos generalmente se llevaban a cabo durante periodos de vacaciones, de manera que no impactara tanto el rendimiento académico en otras áreas. Este escenario exclusivo para hasta seis personas era un ambiente inclusive más imponente, pues cada uno de los presentes estaba allí por razones muy particulares y no por azar. Los vínculos que se formaban y los sucesos provenientes de estas fueron fundamentales en formar mi ser de hoy en día.
Fueron estas experiencias únicas las que me lograron demostrar la importancia de cualidades como la constancia y la perseverancia: al atacar problemas, cuanto más difíciles son mayor alcanza a ser la satisfacción al completarlos. Así que nunca hay que darse por vencido, pues con las ideas correctas es posible llegar muy lejos. Más aún, muchas veces me dijeron que no podría seguir apuntando a eventos de mayor alcance e inclusive que no debía siquiera intentarlo. Sin embargo, esta convicción hacia las matemáticas me logró llevar a sitios que anteriormente habrían sido sólo sueños lejanos.
Ahora bien, también está la otra cara de la moneda: siempre existe un momento en el que se está llegando a un estado en el que inevitablemente habrán tropiezos. En más de una ocasión la tan esperada idea correcta que mencionaba podía no llegar, y al cabo del tiempo disponible esta parte de la experiencia me era sustraída. A veces podía ser una falla menor, pero en otras significaba que todo estaba patas arriba, pero fueron estas ocasiones (sumado a otras experiencias de algunos de mis compañeros de equipo) cultivaron en mí la humildad y la serenidad para poder ser capaz de dar un paso atrás antes de seguir adelante.