lunes, 29 de abril de 2013

¿Cuál es la relación entre espacio y aprendizaje?


Durante este nodo estudiamos cómo los espacios han venido condicionando el aprendizaje a lo largo de la historia, así que en esta reflexión profundizo de manera individual sobre la relación entre espacio y aprendizaje, así como los aportes de esta hacia mi experiencia personal. Para este efecto introduzco brevemente los elementos relevantes del análisis grupal realizado sobre los espacios que educan; particularmente los enfoques que ofrecen para el aprendiz y la forma en que se promueve el aprendizaje.

Para comenzar con la reconstrucción de la relación entre espacio y aprendizaje recordamos cómo en la edad media se presenta una dicotomía entre el aprendizaje teórico en las universidades y el práctico en los demás gremios, como se observa del mapa conceptual desarrollado. De aquí observamos que justamente el espacio físico va de la mano con el enfoque particular ante la enseñanza que brinda cada espacio. Sin embargo, esto no es universal: en la universidad existe la posibilidad de estudiar carreras con un enfoque práctico, como medicina, una vez se concluye con el ciclo de estudio básico. (Rábade, 1996) Por otra parte, enfatizando el otro punto, la promoción del aprendizaje se ve dirigida principalmente por los estatutos que se venían estructurando, pues estos incluían el cómo responder antes las diversas situaciones que se podían dar cuando el aprendizaje se viera vulnerado. (Alighiero, 1987)

Esto entra en contraste con los espacios contemporáneos, ya que el espacio físico pasa a segundo plano y el enfoque hacia el estudiante se hace más personalizado. En todo caso, se alcanza a seguir viendo que secciones particulares de los espacios apuntan a formas particulares de enseñanza, tomando como ejemplo el espacio reconstruido grupalmente (Maloka). Ahora bien, en cuanto al cómo se promueve el aprendizaje, se pasa de una cultura de “contratos,” (aprendizaje demarcado puramente según los estatutos) a una en que el estudiante define su propia trayectoria. (Hernandez, 1965). Al ver ambos casos extremos, se concluye que la relación entre espacio y aprendizaje trasciende el mero enfoque hacia una forma de aprendizaje particular, ya que al variar el espacio se adapta también el enfoque según el aprendiz. De hecho, de manera activa estos espacios condicionan el aprendizaje al predefinir y/o limitar las estrategias utilizadas con los estudiantes.

Ya para aplicar esto a mi caso personal, recordemos primero que para el primer nodo hice un análisis acerca del aprendizaje en las disciplinas de ingeniería y en la de matemáticas. Como espacios distintos, se observa que la relación espacio-aprendizaje va marcada por el enfoque práctico en la ingeniería y el teórico en las matemáticas. (Entrada “Ambientes personales de aprendizaje y ambientes institucionales” y Reflexión Nodo 1). De esta manera, al reconocer que el espacio condiciona el aprendizaje, como aprendiz me veo obligado a cambiar mi forma de pensar y de aproximarme conforme al caso en cuestión. Es decir, el conocimiento de las diferencias entre ambos espacios aporta la posibilidad de prever cual debe ser la metodología más apropiada, tanto al nivel de universidad, como ante situaciones y/o problemas de mayor escala.

En un contexto más afín a las estrategias empleadas en cada espacio, me veo obligado a separar mi experiencia en distintos casos. Por una parte, todavía existen normas y estatutos que marcas las condiciones de trabajo, pero casi siempre es el espacio particular el que marca el cómo promover el aprendizaje. A manera de ejemplos cito mi experiencia en la universidad, en olimpiadas, en el colegio y también mi experiencia fuera de un ambiente de aprendizaje formal. En el caso de la universidad, para la disciplina de mecánica se exige consistentemente mucho más trabajo a los estudiantes, de manera que orgánicamente se promueve el aprendizaje bajo el compromiso con la cantidad de trabajo. En contraste, en matemáticas esta promoción es netamente responsabilidad del estudiante, pues rara vez se exige de manera directa al estudiante (i. e. pocas veces hay tantas tareas o talleres) y es más bien él mismo quien decide cuando dedicarse al estudio.

Ya para citar otros ejemplos personales, recordamos que el aprendizaje puede ser guiado por el interés, como en el caso de olimpiadas. Para este caso, la motivación principal radica justamente en la voluntad y el interés, pues de entradas como “Cultivando una pasión” y “Entrenando para la excelencia” se rescata la idea de que participar o no de estas actividades no tiene repercusiones fuertes sobre el contenido escolar formal. Sin embargo, justamente a través de estas características es que he logrado llegar bastante lejos en el campo de las matemáticas (a veces de manera literal debido a las competencias internacionales en las que he participado). Más aún una transición en el espacio físico no necesariamente implica cambios en el aprendizaje como lo es la experiencia desde Bogotá, como desde Guanajuato.

Ahora bien, al aprender por imitación de una figura modelo (como en el colegio), observamos a una figura modelo como el Padre Francis. En este caso el aprendizaje se basa en un trabajo de observación y asimilación para reconocer cuales de las acciones y actitudes son adecuadas para fomentar mi crecimiento como persona. (Entrada “Volviendo al Colegio”). Finalmente, por fuera del aula encontramos un espacio adicional en el que día a día estamos aprendiendo con base en la experiencia, a veces de manera inconsciente. Esto se debe a que la ciudad como tal se puede observar como un espacio que educa en el cual es válido configurar el aprendizaje bajo la aproximación que se quiera utilizar.

Ya para concluir, recapitulamos al respecto de las dos interrogantes analizadas a lo largo de esta reflexión. Por una parte, observamos que la relación entre espacio y aprendizaje viene marcada por el enfoque que se toma ante el estudiante y el aprendizaje, así como la manera de promover su aprendizaje. Sin embargo, esta relación va más allá de un listado de posibilidades y de hecho se ve configurada en función del estudiante, quien da forma a ciertos aspectos del aprendizaje. Por otra parte, el aporte de este conocimiento para mí como aprendiz, se configura en la posibilidad de identificar y adecuar mi esquema de aprendizaje ante las condiciones que demande un espacio específico. Esto va de la mano con que, como se concluyó de la primera reflexión, mi estilo de aprendizaje radica en la pluralidad de formas según la necesidad de cada situación.

Bibliografía:

Alighiero, M. (1987). Historia de la Educación. México: Siglo XXI Editores.
Hernandez, S. (1965). Psicopedagogía del Interés: Concepto y especies del interés. Mexico D. F.: Unión Tipográfica Editorial Hispano-Americana.
Rábade, M. (1996). Las universidades en la Edad Media. Madrid: Ibérica Grafic.

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