Durante este nodo estudiamos cómo
los espacios han venido condicionando el aprendizaje a lo largo de la historia,
así que en esta reflexión profundizo de manera individual sobre la relación
entre espacio y aprendizaje, así como los aportes de esta hacia mi experiencia
personal. Para este efecto introduzco brevemente los elementos relevantes del análisis
grupal realizado sobre los espacios que educan; particularmente los enfoques
que ofrecen para el aprendiz y la forma en que se promueve el aprendizaje.
Para comenzar con la
reconstrucción de la relación entre espacio y aprendizaje recordamos cómo en la
edad media se presenta una dicotomía entre el aprendizaje teórico en las
universidades y el práctico en los demás gremios, como se observa del mapa
conceptual desarrollado. De aquí observamos que justamente el espacio físico va de la mano con el enfoque particular
ante la enseñanza que brinda cada espacio. Sin embargo, esto no es universal:
en la universidad existe la posibilidad de estudiar carreras con un enfoque
práctico, como medicina, una vez se concluye con el ciclo de estudio básico. (Rábade, 1996) Por otra parte,
enfatizando el otro punto, la promoción del aprendizaje se ve dirigida
principalmente por los estatutos que se venían estructurando, pues estos
incluían el cómo responder antes las diversas situaciones que se podían dar cuando
el aprendizaje se viera vulnerado. (Alighiero, 1987)
Esto entra en contraste con los
espacios contemporáneos, ya que el espacio físico pasa a segundo plano y el
enfoque hacia el estudiante se hace más personalizado. En todo caso, se alcanza
a seguir viendo que secciones particulares de los espacios apuntan a formas
particulares de enseñanza, tomando como ejemplo el espacio reconstruido grupalmente
(Maloka). Ahora bien, en cuanto al cómo se promueve el aprendizaje, se pasa de
una cultura de “contratos,” (aprendizaje demarcado puramente según los
estatutos) a una en que el estudiante define su propia trayectoria. (Hernandez, 1965) . Al ver ambos casos extremos,
se concluye que la relación entre espacio y aprendizaje trasciende el mero enfoque
hacia una forma de aprendizaje particular, ya que al variar el espacio se
adapta también el enfoque según el aprendiz. De hecho, de manera activa estos espacios
condicionan el aprendizaje al predefinir y/o limitar las estrategias utilizadas
con los estudiantes.
Ya para aplicar esto a mi caso
personal, recordemos primero que para el primer nodo hice un análisis acerca
del aprendizaje en las disciplinas de ingeniería y en la de matemáticas. Como
espacios distintos, se observa que la relación espacio-aprendizaje va marcada
por el enfoque práctico en la ingeniería y el teórico en las matemáticas. (Entrada
“Ambientes personales de aprendizaje y ambientes institucionales” y Reflexión
Nodo 1). De esta manera, al reconocer que el espacio condiciona el aprendizaje,
como aprendiz me veo obligado a cambiar mi forma de pensar y de aproximarme conforme
al caso en cuestión. Es decir, el conocimiento de las diferencias entre ambos
espacios aporta la posibilidad de prever cual debe ser la metodología más
apropiada, tanto al nivel de universidad, como ante situaciones y/o problemas
de mayor escala.
En un contexto más afín a las
estrategias empleadas en cada espacio, me veo obligado a separar mi experiencia
en distintos casos. Por una parte, todavía existen normas y estatutos que
marcas las condiciones de trabajo, pero casi siempre es el espacio particular
el que marca el cómo promover el aprendizaje. A manera de ejemplos cito mi
experiencia en la universidad, en olimpiadas, en el colegio y también mi
experiencia fuera de un ambiente de aprendizaje formal. En el caso de la
universidad, para la disciplina de mecánica se exige consistentemente mucho más
trabajo a los estudiantes, de manera que orgánicamente se promueve el
aprendizaje bajo el compromiso con la cantidad de trabajo. En contraste, en
matemáticas esta promoción es netamente responsabilidad del estudiante, pues
rara vez se exige de manera directa al estudiante (i. e. pocas veces hay tantas
tareas o talleres) y es más bien él mismo quien decide cuando dedicarse al
estudio.
Ya para citar otros ejemplos personales,
recordamos que el aprendizaje puede ser guiado por el interés, como en el caso
de olimpiadas. Para este caso, la motivación principal radica justamente en la
voluntad y el interés, pues de entradas como “Cultivando una pasión” y “Entrenando
para la excelencia” se rescata la idea de que participar o no de estas actividades
no tiene repercusiones fuertes sobre el contenido escolar formal. Sin embargo, justamente
a través de estas características es que he logrado llegar bastante lejos en el
campo de las matemáticas (a veces de manera literal debido a las competencias
internacionales en las que he participado). Más aún una transición en el
espacio físico no necesariamente implica cambios en el aprendizaje como lo es
la experiencia desde Bogotá, como desde Guanajuato.
Ahora bien, al aprender por
imitación de una figura modelo (como en el colegio), observamos a una figura modelo
como el Padre Francis. En este caso el aprendizaje se basa en un trabajo de
observación y asimilación para reconocer cuales de las acciones y actitudes son
adecuadas para fomentar mi crecimiento como persona. (Entrada “Volviendo al
Colegio”). Finalmente, por fuera del aula encontramos un espacio adicional en
el que día a día estamos aprendiendo con base en la experiencia, a veces de
manera inconsciente. Esto se debe a que la ciudad como tal se puede observar
como un espacio que educa en el cual es válido configurar el aprendizaje bajo
la aproximación que se quiera utilizar.
Ya para concluir, recapitulamos
al respecto de las dos interrogantes analizadas a lo largo de esta reflexión.
Por una parte, observamos que la relación entre espacio y aprendizaje viene
marcada por el enfoque que se toma ante el estudiante y el aprendizaje, así
como la manera de promover su aprendizaje. Sin embargo, esta relación va más
allá de un listado de posibilidades y de hecho se ve configurada en función del
estudiante, quien da forma a ciertos aspectos del aprendizaje. Por otra parte,
el aporte de este conocimiento para mí como aprendiz, se configura en la
posibilidad de identificar y adecuar mi esquema de aprendizaje ante las
condiciones que demande un espacio específico. Esto va de la mano con que, como
se concluyó de la primera reflexión, mi estilo de aprendizaje radica en la
pluralidad de formas según la necesidad de cada situación.
Bibliografía:
Alighiero, M. (1987). Historia de la Educación.
México: Siglo XXI Editores.
Hernandez,
S. (1965). Psicopedagogía del Interés: Concepto y especies del interés.
Mexico D. F.: Unión Tipográfica Editorial Hispano-Americana.
Rábade,
M. (1996). Las universidades en la Edad Media. Madrid: Ibérica Grafic.
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