En estos últimos años se ha venido haciendo más y más común la presencia de manifestaciones públicas en la ciudad de Bogotá, prominentemente en la forma de marchas. Esto es de tal magnitud, que ya muchas veces ni siquiera se les presta mucha atención salvo por las dificultades que ocasionan (e. g. en mobilidad). Sin embargo, muchas veces estas se traducen en un movimiento en masa sin una finalidad muy bien definida: una parte prominente de los participantes suelen no tener mayor idea del motivo por el cual se está manifestando o, aún si tienen un concepto grueso, no existe una motivación profunda más allá que la de dejar de participar en otras actividades. Más aún, casi de manera permanente se observa cómo estas mismas tambien cobijan a individuos que - relacionados o no con el fin de la manifestación - acaban causando disturbios.
Para ejemplificar esto, se puede recapitular sobre una de las últimas manifestaciones en la Universidad Nacional. En esta ocasión, a diferencia de estudiantes manifestando por la educación, que era lo que esperaba todo el mundo, se presentó una fuerte retaliación por parte de profesores y estudiantes contra los manifestantes. Esto nos permite reflexionar al respecto del nivel al que se han degenerado este tipo de manifestaciones que usualmente se usan exclusivamente para mostrar un descontento masivo con respecto a temas delicados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario